En el siguiente enlace he recogido textualmente el texto de los cuatro
evangelistas, reordenándolos según el evangelio de San Lucas, de forma que he
creado un solo relato, que combina el texto de los cuatro evangelios,
respetando estrictamente cada palabra de la versión oficial de la conferencia
episcopal española de 2011.
Los cuatro
primeros libros del Nuevo Testamento son llamados «evangelios». El sustantivo evangelio
significa «buena noticia» y en su forma verbal había sido empleado ya por
Isaías (52,7) para anunciar la liberación del pueblo desterrado en Babilonia.
El término aparece en labios de Jesús y después en boca de los Apóstoles para
designar el anuncio de la llegada del Reinado de Dios, es decir, de la
instauración de la soberanía divina en el mundo y en la historia (Mc 1,15). Más
tarde fue empleado para designar los escritos que hablaban de Jesús de Nazaret,
de su vida, ministerio, pasión y resurrección. La Iglesia reconoció desde un
primer momento como canónicos, es decir, inspirados por Dios y normativos, cuatro
evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Jesús y
los evangelios
El protagonista
del relato de los evangelios es Jesucristo. En ellos se recogen sus palabras y
sus obras. Los cuatro evangelios presentan a Jesucristo como el Mesías, el Hijo
de Dios y coinciden sustancialmente en los siguientes elementos: la predicación
de Juan el Bautista y la referencia al bautismo de Jesús, la enseñanza y los
signos realizados en Galilea, el milagro de la multiplicación de los panes y
los peces, y los acontecimientos en Jerusalén: la Cena del Señor, la Pasión y
la Resurrección. La temprana agrupación de los cuatro evangelios indica que la
Iglesia consideró estos cuatro escritos como la auténtica expresión de su fe en
Jesucristo recogida en estas obras de origen apostólico. El Concilio Vaticano
II, en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación,
afirma: «Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo
Testamento, los evangelios ocupan, con razón, el lugar preeminente, puesto que
son el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo encarnado, nuestro
Salvador. La Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro evangelios
tienen origen apostólico. Pues lo que los apóstoles predicaron por mandato de
Cristo, luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos y los varones
apostólicos nos lo trasmitieron por escrito, siendo fundamento de la fe, es
decir, el Evangelio en cuatro redacciones, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan»
(DV 18). El documento conciliar destaca a continuación el carácter histórico de
los evangelios, señalando además la luz singular que otorgó el acontecimiento
pascual a los autores sagrados en orden a la verdadera inteligencia de los
acontecimientos:
«Los apóstoles
ciertamente después de la ascensión del Señor predicaron a sus oyentes lo que
él había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban,
amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del
Espíritu de la verdad» (DV 19). El género literario de los evangelios, en que
se unen predicación e historia, se describe de la siguiente manera: «Los
autores sagrados escribieron los cuatro evangelios escogiendo algunas cosas de
las muchas que ya se transmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras o
explicándolas de acuerdo con la condición de las Iglesias, reteniendo por fin
la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaban la verdad
sincera acerca de Jesús» (DV 19). De acuerdo con esto, el género literario de
los evangelios es único. La distinción entre el Jesús de la historia y el
Cristo de la fe encierra en sí misma un planteamiento equívoco, ya que es
imposible separar ambos tratamientos. En cualquier caso la Dei Verbum, recogiendo
palabras de san Lucas, remite a las fuentes con las siguientes palabras:
«Escribieron, pues (los evangelistas), sacándolo ya de su memoria o recuerdos,
ya del testimonio de quienes “desde el principio fueron testigos oculares y
ministros de la palabra” para que conozcamos “la verdad” de las palabras que
nos enseñan (véase Lc 1,2-4)» (DV 19).
Los tres
evangelios sinópticos
Semejanzas
y diferencias
Los tres
primeros evangelios son llamados «sinópticos», porque presentan un mismo
esquema general que es el siguiente: ministerio de Juan el Bautista y bautismo
de Jesús, anuncio del reino en Galilea, transfiguración, subida a Jerusalén,
muerte y resurrección. Los evangelios de san Mateo y de san Lucas tienen
también sendos capítulos dedicados a la infancia de Jesús. Además del esquema
general, los evangelios sinópticos coinciden en la presentación de la persona,
las palabras y las obras de Jesús, de tal manera que se puede decir, por un
lado, que el Evangelio según san Marcos está presente casi en su totalidad en
el Evangelio según san Mateo, y, por otro, que los evangelios de san Mateo y de
san Lucas tienen en común una serie de episodios y palabras, como el Sermón de
la montaña, que suponen un contacto estrechísimo entre ellos. Así ha surgido
una teoría que quiere explicar todas estas coincidencias en los tres sinópticos
a partir de dos fuentes primitivas, que serían el Evangelio según san Marcos y
otra fuente que habría contenido principalmente las palabras de Jesús, como el
Sermón de la montaña y algunos episodios como la embajada del Bautista a Jesús.
La existencia de esta fuente común a san Mateo y a san Lucas no está confirmada
por ningún manuscrito, y no faltan estudiosos para quienes la coincidencia de
estos dos evangelistas en el material atribuido a dicha fuente puede tener
otras explicaciones. En cualquier caso, la referida hipótesis ha puesto de
manifiesto que las coincidencias de ambos evangelistas en detalles muy precisos
remiten a una forma de tradición de las palabras y obras de Jesús anterior a
ellos. Todo lo cual constituye un argumento a favor de la antigüedad del
material evangélico.
Naturalmente,
además de los materiales atribuidos a cada una de estas dos fuentes, los tres
evangelios sinópticos, especialmente san Mateo y san Lucas, tienen un material
propio, como las parábolas de la misericordia en san Lucas (cap. 15) o buena
parte del Sermón de la montaña en san Mateo (caps. 5-7).
La
catequesis sinóptica
La presencia de
una serie de episodios y de discursos de Jesús en los tres evangelios
sinópticos implica lo que puede llamarse pasajes de la triple tradición, los
cuales forman un conjunto impresionante: testimonio del Bautista, bautismo de
Jesús, tentaciones, proclamación del reino de Dios en Galilea, vocación de los
primeros discípulos, discurso en parábolas, multiplicación de los panes y los
peces, profesión de fe de Pedro, anuncios de la pasión y resurrección,
transfiguración, discurso escatológico, institución de la Eucaristía en la
Última Cena, relatos de la Pasión y Resurrección. Estos episodios de la triple
tradición pueden llamarse también la catequesis sinóptica. Cada uno de los
evangelios está dirigido a una comunidad cristiana y a un ambiente y un
horizonte de misión determinados; así el Evangelio según san Mateo tiene
presente el judeocristianismo de Palestina y de Antioquía; el Evangelio según
san Marcos tiene ante sí el horizonte del Imperio con su capital Roma, y el Evangelio
según san Lucas contempla el mundo de la cultura griega, especialmente en
Acaya.
El reino
de Dios
El anuncio del
reino de Dios o reino de los cielos es un tema fundamental de la predicación de
Jesucristo en los evangelios sinópticos. Así aparece en los sumarios
programáticos de san Mateo (4,17); de san Marcos (1,15) y, de alguna manera, en
san Lucas (4,41). El reino de los cielos se presenta como recompensa en las
Bienaventuranzas (Mt 5,3; Lc 6,20), es objeto de una de las peticiones del
Padrenuestro (Mt 6,9; Lc 11,2); es el misterio presente en las parábolas (Mt
13,11; Mc 4,11; Lc 8,10), el ámbito divino al que se entra por la conversión
(Mt 18,3; Mc 10,15; Lc 18,17; ver Jn 3,5); ha sido ofrecido, en primer lugar, a
los judíos y después a todas las gentes (Mt 21,43; Lc 4,25-27) y tendrá su
consumación en el cielo, cuando ocurra la venida del Hijo del hombre (Mt 25,34;
Mc 8,38-9,1; Lc 21,31).
El reino de los
cielos en la predicación de Jesús es la instauración de la soberanía divina
mediante el reconocimiento del Dios que envía a su Hijo para salvar al mundo.
De ahí la dimensión cristológica de esta expresión. La expresión reino de Dios
hace referencia a la intervención definitiva en la historia de la salvación que
es el Evangelio. Por eso se le llama «evangelio del reino» (Mt 4,23; Lc 4,43;
ver Mc 1,15). El reino, ya identificado con Jesucristo, es también el tema de
la predicación apostólica (Hch 28,20-31). De hecho, san Lucas considera su
evangelio de forma explícita como el «primer libro» de una obra más amplia cuyo
segundo libro es el conocido como Hechos de los Apóstoles.
El
Evangelio según san Juan
También el
Evangelio según san Juan coincide en sus líneas generales con los sinópticos:
testimonio del Bautista, vocación de los primeros discípulos, ministerio de
Jesús en Galilea (multiplicación de los panes y profesión de fe de Pedro) y en
Jerusalén: Última Cena, Pasión y Resurrección.
Es también, por
consiguiente, un evangelio. Ciertamente presenta características propias, como
el Prólogo teológico (Jn1,1-18), algunos milagros que contienen elementos
específicos y, a veces, son desarrollos sobre los relatos sinópticos: bodas de
Caná (Jn 2,1-11), curación del paralítico en la piscina Probática de Jerusalén
(Jn 5), curación del ciego de nacimiento en Jerusalén (Jn 9) y resurrección de
Lázaro en Betania (Jn 11). También las palabras de Jesús adquieren una
tonalidad peculiar en el cuarto evangelio; así ocurre en la síntesis sobre el
misterio redentor en el diálogo con Nicodemo (3,1-21), el diálogo con la
samaritana (4,1-42), los dos discursos de Jn 5 y 6, el discurso del Buen Pastor
(10,1-18) y, sobre todo, el discurso de despedida y la oración sacerdotal (Jn
13-17). A este propósito, debemos notar que gran parte de estos discursos son
desarrollo de un signo realizado por Jesús, como ocurre con los de Jn 5 y 6;
otros contienen materiales, palabras de Jesús, que están presentes en la
tradición sinóptica, pero que en san Juan están profundizadas. Estas
diferencias se explican por varios factores. Primeramente, por el lugar de
origen: la catequesis sinóptica está fundamentalmente ambientada en la
tradición palestinense-galilea de las palabras de Jesús; en cambio el Evangelio
según Juan ha surgido en un ambiente judíojerosolimitano y samaritano, y
después ha sido trasplantado al ambiente helenístico de Asia Menor
(probablemente Éfeso). En segundo lugar, el Evangelio de san Juan es el fruto
de una larga profundización y maduración de las palabras y signos de Jesús;
esta profundización responde a la confrontación del mensaje evangélico con los
movimientos sincretistas y de los comienzos de la gnosis. El evangelista ha
debido tomar posiciones para decidir con palabras de Jesús de la tradición
joánica lo esencial cristiano: la fe en Jesucristo, Hijo de Dios (Jn 20,30s) y
el amor fraterno (Jn 13,34s). Esto explica asimismo que la expresión «reino de
Dios» de la catequesis sinóptica haya sido sustituida en el cuarto evangelio
por el término «vida eterna». De hecho «reino de Dios» aparece solamente dos
veces (Jn 3,3.5) al mencionar el nacimiento del agua y del Espíritu. En
realidad podemos decir que en san Juan el reino de Dios se ha personalizado ya
en Jesucristo. En la introducción dedicada al Evangelio según san Juan se
expondrá la enseñanza teológica, cristológica, eclesiológica, escatológica y
moral (mandamiento del amor) de este evangelio. Aquí nos limitamos a recordar
las grandes representaciones de Jesucristo como el Verbo eterno y encarnado (Jn
1,1.14), Cordero de Dios (1,29.36), Esposo (2,1-11; 3,39), nuevo templo
(2,14-21), signo de salvación levantado en alto (3,14-17), fuente de agua viva
(4,10-14; 7,37-39), palabra de vida (5,24), pan de vida (6,25-58), luz del
mundo (8,12), «Yo soy» levantado en alto (8,28), el Hijo que da la libertad
(8,31-36), el buen pastor (10,11-18), la resurrección y la vida (15,25), el
camino, la verdad y la vida (14,6), la vid verdadera (15,1). Todas estas
representaciones son fruto de la profundización joánica en la persona de
Jesucristo. De un modo particular la grandiosa visión de Cristo en la segunda
parte del evangelio, los discursos de despedida, la oración sacerdotal y los
relatos de la Pasión y de la Resurrección están penetrados del resplandor de la
Gloria del Resucitado.
Los
evangelios y el Antiguo Testamento
Los cuatro evangelios
remiten al Antiguo Testamento, cada uno de diferente manera. San Mateo ha
llenado su obra con citas de cumplimiento; san Marcos comienza la suya citando
a Isaías; san Lucas siembra el Evangelio de la infancia con referencias a las
promesas mesiánicas del Antiguo Testamento y comienza el sermón de Nazaret
citando Is 61. Por su parte, san Juan tiene presente, en el Prólogo, la
creación y el éxodo, y cita a Isaías al comienzo y al final de la primera parte
del evangelio; menciona las grandes figuras de Abrahán, Jacob y Moisés,
instituciones y episodios del Antiguo Testamento como el templo, las fiestas,
la serpiente de bronce, el maná, la columna de nube, la vid, etc. Jesús en la
cruz proclama todo está cumplido (Jn 19,28-30). En consecuencia, la vida
de Jesucristo es para los evangelistas el cumplimiento de las profecías
mesiánicas y del designio salvador de Dios, la culminación y perfección de la
ley antigua en el mandamiento del amor, y la realización de la vida eterna.
Jesús es la plenitud de la revelación de Dios (DV 4).
PRÓLOGO (Lc 1,1-4)
Lc.1,1 Puesto que muchos han emprendido la
tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, 2 como nos los transmitieron los que fueron desde el principio
testigos oculares y servidores de la palabra, 3 también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre
Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, 4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
EVANGELIO DE LA
INFANCIA
Anuncio
del nacimiento de Juan el Bautista (Lc 1,5-25)
Lc.1,5 En los días de Herodes, rey de Judea,
había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una
descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. 6 Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los
mandamientos y leyes del Señor. 7 No tenían hijos, porque Isabel era
estéril, y los dos eran de edad avanzada. 8 Una vez que oficiaba delante de Dios
con el grupo de su turno, 9 según la costumbre de los sacerdotes,
le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; 10 la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la
ofrenda del incienso. 11 Y se le apareció el ángel del Señor,
de pie a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías se sobresaltó y
quedó sobrecogido de temor. 13 Pero el ángel le dijo: «No temas,
Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y
le pondrás por nombre Juan. 14 Te llenarás de alegría y gozo, y
muchos se alegrarán de su nacimiento. 15 Pues será grande a los ojos del
Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el
vientre materno, 16 y convertirá muchos hijos de Israel
al Señor, su Dios. 17 Irá delante del Señor, con el
espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los
hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al
Señor un pueblo bien dispuesto». 18 Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo
estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada». 19 Respondiendo el ángel, le dijo: «Yo soy Gabriel, que sirvo en
presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena
noticia. 20 Pero te quedarás mudo, sin poder
hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras,
que se cumplirán en su momento oportuno».
21 El pueblo, que estaba aguardando a
Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. 22 Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había
tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía
mudo. 23 Al cumplirse los días de su servicio
en el templo, volvió a casa. 24 Días después concibió Isabel, su
mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo: 25 «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en
mí para quitar mi oprobio ante la gente».
Anuncio
del nacimiento de Jesús (Lc 1,26-37)
Lc.1,26 En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a
una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre
llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de
gracia, el Señor está contigo». 29 Ella se turbó grandemente ante estas
palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia
ante Dios. 31 Concebirás en tu vientre y darás a
luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Será grande, se llamará Hijo del
Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no
tendrá fin». 34 Y María dijo al ángel: «¿Cómo será
eso, pues no conozco varón?». 35 El ángel le contestó: «El Espíritu
Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por
eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36 También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y
ya está de seis meses la que llamaban estéril, 37 porque para Dios nada hay imposible». 38 María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí
según tu palabra». Y el ángel se retiró.
Anuncio a José (Mt 1, 18-24)
Mt.1,18 La generación de Jesucristo fue de esta
manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó
que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19 José, su
esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. 20 Pero,
apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del
Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer,
porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz
un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus
pecados».
22 Todo esto
sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del
profeta: 23 «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre
Enmanuel, que significa "Diosconnosotros"». 24 Cuando
José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su
mujer.
María
visita a Isabel (Lc 1,39-56)
Lc.1,39 En aquellos mismos días, María se
levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la
criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42 y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y
bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo para que me visite la
madre de mi Señor? 44 Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis
oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el
Señor se cumplirá».
46 María dijo:
«Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
47 se alegra mi espíritu en Dios, mi
salvador;
48 porque ha mirado la humildad de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones,
49 porque el Poderoso ha hecho obras
grandes en mí:
su
nombre es santo,
50 y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
51 Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
52 derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
53 a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
54 Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose
de la misericordia
55 —como lo había prometido a nuestros
padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por
siempre».
56 María se quedó con ella unos tres
meses y volvió a su casa.
Nacimiento
de Juan (Lc 1,57-80)
Lc.1,57 A Isabel se le cumplió el tiempo del
parto y dio a luz un hijo. 58 Se enteraron sus vecinos y parientes
de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. 59 A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían
llamarlo Zacarías, como su padre; 60 pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan». 61 Y le dijeron: «Ninguno de tus
parientes se llama así». 62 Entonces preguntaban por señas al
padre cómo quería que se llamase. 63 El pidió una tablilla y escribió:
«Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados. 64 Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a
hablar bendiciendo a Dios. 65 Los vecinos quedaron sobrecogidos, y
se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. 66 Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será
este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.
67 Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y
profetizó diciendo: 68 «Bendito sea el Señor, Dios de
Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, 69 suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su
siervo, 70 según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. 71 Es la salvación que nos libra de
nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; 72 realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza 73 y el juramento que juró a nuestro
padre Abrahán para concedernos 74 que, libres de temor, arrancados de
la mano de los enemigos, le sirvamos 75 con santidad y justicia, en su
presencia, todos nuestros días. 76 Y a ti, niño, te llamarán profeta del
Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, 77 anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus
pecados. 78 Por la entrañable misericordia de
nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, 79 para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de
muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz». 80 El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en
lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.
Nacimiento
de Jesús (Lc 2,1-7)
Lc.2,1 Sucedió en aquellos días que salió un
decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. 2 Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de
Siria. 3 Y todos iban a empadronarse, cada
cual a su ciudad. 4 También José, por ser de la casa y
familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de
David, que se llama Belén, en Judea, 5 para empadronarse con su esposa
María, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, mientras estaban allí,
le llegó a ella el tiempo del parto 7 y dio a luz a su hijo primogénito, lo
envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para
ellos en la posada.
Anuncio
a los pastores (Lc 1,8-20)
Lc.1,8 En aquella misma región había unos pastores que pasaban la
noche al aire
libre, velando por turno su rebaño. 9 De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del
Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que
será de gran alegría para todo el pueblo: 11 hoy, en la ciudad de David, os ha
nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. 12 Y aquí tenéis la señal: encontraréis
un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». 13 De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército
celestial, que alababa a Dios diciendo: 14 «Gloria a Dios en el cielo, y en la
tierra paz a los hombres de buena voluntad».
15 Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los
pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha
sucedido y que el Señor nos ha comunicado».
16 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño
acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que se les
había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de
lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas
estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores dando gloria
y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les
había dicho.
Visita de los Magos (Mt 2, 1-12)
Mt.2,1
Habiendo nacido Jesús
en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se
presentaron en Jerusalén 2 preguntando: «¿Dónde está el Rey de los
judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a
adorarlo». 3 Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó
y todo Jerusalén con él; 4 convocó a los sumos sacerdotes y a los
escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. 5 Ellos le
contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: 6 "Y
tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones
de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel"».7 Entonces
Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que
había aparecido la estrella, 8 y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y
averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme,
para ir yo también a adorarlo». 9 Ellos, después de oír al rey, se pusieron
en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos
hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. 10 Al ver la
estrella, se llenaron de inmensa alegría. 11 Entraron en la casa, vieron al niño con
María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus
cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. 12 Y habiendo
recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a
su tierra por otro camino.
Huida a Egipto y matanza de los inocentes (Mt 2, 13-23)
Mt.2,13 Cuando ellos se retiraron, el ángel del
Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su
madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a
buscar al niño para matarlo». 14 José se levantó, tomó al niño y a su madre,
de noche, se fue a Egipto 15 y se quedó hasta la muerte de Herodes para
que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a
mi hijo». 16 Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a
todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando
el tiempo por lo que había averiguado de los magos. 17 Entonces
se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: 18 «Un grito
se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos y
rehúsa el consuelo, porque ya no viven».
19 Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se
apareció de nuevo en sueños a José en Egipto 20 y le dijo:
«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque
han muerto los que atentaban contra la vida del niño». 21 Se
levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. 22 Pero al
enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes
tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea 23 y se
estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de
los profetas, que se llamaría nazareno.
Circuncisión
y presentación de Jesús en el templo (Lc 2,21-40)
Lc.2,21 Cuando se cumplieron los ocho
días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había
llamado el ángel antes de su concepción.
22 Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley
de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón
primogénito será consagrado al Señor», 24
y para entregar la oblación,
como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
25 Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre
justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo
estaba con él. 26 Le había sido revelado por el
Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 27 Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con
el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse
en paz. 30 Porque mis ojos han visto a tu Salvador, 31 a quien has presentado ante todos los pueblos: 32 luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del
niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a
María, su madre:
«Este ha sido puesto para que
muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción 35 —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se
pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, 37 y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del
templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 38 Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba
del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
39 Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se
volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de
sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.
Jesús
visita el templo a los doce años (Lc 2,41-52)
Lc.2,41
Sus padres solían ir cada año
a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. 42
Cuando cumplió doce años,
subieron a la fiesta según la costumbre 43
y, cuando terminó, se
volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus
padres. 44 Estos, creyendo que estaba en
la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los
parientes y conocidos; 45 al no encontrarlo, se
volvieron a Jerusalén buscándolo. 46
Y sucedió que, a los tres
días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros,
escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47
Todos los que le oían
quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. 48 Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por
qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». 49 El les contesto: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo
debía estar en las cosas de mi Padre?». 50
Pero ellos no comprendieron
lo que les dijo.
51 Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su
madre conservaba todo esto en su corazón. 52
Y Jesús iba creciendo en
sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
COMIENZO DEL EVANGELIO EN GALILEA
Prólogo (Jn 1 1-18)
Jn.1-1En el principio existía el
Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. 2
Este estaba en el principio
junto a Dios. 3 Por medio de él se hizo todo,
y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. 4
En él estaba la vida, y la
vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz brilla en la
tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. 6 Surgió un hombre enviado por
Dios, que se llamaba Juan:
7
este venía como testigo, para
dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
8
No era él la luz, sino el que
daba testimonio de la luz.
9 El
Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
10
En el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de
él, y el mundo no lo conoció.
11 Vino
a su casa, y los suyos no lo recibieron.
12 Pero a cuantos lo recibieron,
les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
13
Estos no han nacido de
sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de
Dios.
14
Y el Verbo se hizo carne y
habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito
del Padre, lleno de gracia y de verdad.
15
Juan da testimonio de él y
grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto
delante de mí, porque existía antes que yo».
16
Pues de su plenitud todos
hemos recibido, gracia tras gracia.
17 Porque la ley se dio por
medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
18
A Dios nadie lo ha visto
jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a
conocer.
Presentación y ministerio de Juan el
Bautista
(Mt 3, 1-12) (Mc 1,1-8) (Lc 3,19-50)
(Jn 1 19-34)
Mt.3,1 Por aquellos días, Juan el Bautista se
presenta en el «desierto de Judea, predicando: «Convertíos porque está cerca el
reino de los cielos». 3 Este es el que anunció el profeta Isaías
diciendo:
«Una voz grita en el desierto:
"Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos"».
4 Juan
llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y
se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 5 Y acudía a
él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; 6 confesaban
sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. 7 Al ver que
muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de
víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? 8 Dad el
fruto que pide la conversión.
9 Y no os
hagáis ilusiones, pensando: "Tenemos por padre a Abrahán", pues os
digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. 10 Ya toca el
hacha la raíz de los árboles y todo árbol que no dé buen fruto será talado y
echado al fuego. 11 Yo os bautizo con agua para que os
convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no soy digno
de llevarle las sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Él tiene
el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y
quemará la paja en una hoguera que no se apaga».
Mc.1,1 Comienzo del Evangelio de
Jesucristo, Hijo de Dios.
2 Como está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío a mi mensajero
delante de ti, el cual preparará tu camino; 3 una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del
Señor, enderezad sus senderos"»; 4 se presentó Juan en el
desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de
los pecados. 5 Acudía a él toda la
región de Judea y toda la gente de Jerusalén. El los bautizaba en el río Jordán
y confesaban sus pecados.
6 Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a
la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y
no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. 8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu
Santo».
Lc.3,1 En el año decimoquinto del
imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y
Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y
Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, 2
bajo el sumo sacerdocio de
Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el
desierto. 3 Y recorrió toda la comarca
del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta
Isaías:
«Una voz grita en el
desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
5 los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán
rebajados;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino
llano.
6
Y toda carne verá la
salvación de Dios».
7 A los que venían para ser bautizados les decía: «¡Raza de víboras!,
¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? 8 Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones,
pensando: "Tenemos por padre a Abrahán", pues os digo que Dios es
capaz de sacar de estas piedras hijos de Abrahán. 9 Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé
buen fruto será talado y echado al fuego».
10 La gente le preguntaba: «¿Entonces, qué tenemos que hacer?». 11 Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el
que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
12 Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
«¿Maestro, qué tenemos que
hacer nosotros?». 13 Él les contestó: «No exijáis
más de lo establecido».
14 Unos soldados igualmente le preguntaban: «¿Y nosotros, qué
tenemos que hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de
nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
15 Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su
interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16
Juan les respondió
dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte
que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os
bautizará con Espíritu Santo y fuego; 17
en su mano tiene el bieldo
para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una
hoguera que no se apaga». 18 Con estas y otras muchas
exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.
19
El tetrarca Herodes, a quien
Juan reprendía por el asunto de Herodías, esposa de su hermano, y por todas las
maldades que había hecho, 20 añadió a todas ellas la de
encerrar a Juan en la cárcel.
Jn.1,19 Y este es el testimonio de
Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a
que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». 20 Él confesó y no negó;
confesó: «Yo no soy el Mesías». 21 Le preguntaron: «¿Entonces,
qué? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el Profeta?». Respondió:
«No». 22 Y le dijeron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a
los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». 23
Él contestó: «Yo soy la voz
que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el
profeta Isaías». 24 Entre los enviados había
fariseos 25 y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el
Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». 26 Juan les respondió: «Yo
bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, 27
el que viene detrás de mí, y
al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». 28
Esto pasaba en Betania, en la
otra orilla del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
29
Al día siguiente, al ver Juan
a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo
dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque
existía antes que yo. 31 Yo no lo conocía, pero he
salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel"».
32
Y Juan dio testimonio
diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y
se posó sobre él. 33 Yo no lo conocía, pero el que
me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre quien veas bajar el
Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo". 34
Y yo lo he visto y he dado
testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Bautismo de Jesús
(Mt 3, 13-18) (Mc 1,9-11) (Lc 3,21-22)
Mt.3,13 Por entonces viene Jesús desde Galilea al
Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. 14 Pero Juan
intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y
tú acudes a mí?». 15 Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene
que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió.
16 Apenas se
bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de
Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17 Y vino una
voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Mc.1,9 Y sucedió que por
aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en
el Jordán. 10 Apenas salió del agua,
vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacía él como una paloma. 11 Se oyó una voz desde los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti
me complazco».
Lc.3,21 Y sucedió que, cuando todo el pueblo era
bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los
cielos, 22 bajó el Espíritu Santo sobre
él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú
eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
Genealogía de Jesús
(Mt 1,1-17) (Lc 3,23-37)
Mt.1,1 Libro del origen de Jesucristo, hijo de
David, hijo de Abrahán. 2 Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a
Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. 3 Judá
engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a
Arán, 4 Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a
Salmón, 5 Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed
engendró a Jesé, 6 Jesé engendró a David, el rey. David, de la
mujer de Urías, engendró a Salomón,7 Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró
a Abías, Abías engendró a Asaf, 8 Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a
Jorán, Jorán engendró a Ozías, 9 Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a
Acaz, Acaz engendró a Ezequías, 10 Ezequías engendró a Manasés, Manasés
engendró a Amós, Amós engendró a Josías; 11 Josías engendró a Jeconías y a sus
hermanos, cuando el destierro de Babilonia.12 Después del destierro de Babilonia,
Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel,13 Zorobabel
engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, 14 Azor
engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, 15 Eliud
engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; 16 y Jacob
engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo 17 Así, las
generaciones desde Abrahán a David fueron e total catorce; desde David hasta la
deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el
Cristo, catorce.
Lc.3,23 Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se
pensaba que era hijo de José, que a su vez era de Helí, 24 de Matat, de Leví, de Melquí, de Jannaí, de José, 25 de Matatías, de Amos, de Nahún, de Eslí, de Nagái, 26 de Maat, de Matatías, de Semeín, de Josec, de Jodá, 27 de Joanán, de Resá, de Zorobabel, de Salatiel, de Nerí, 28 de Melquí, de Addí, de Cosán, de Elmadán, de Er, 29 de Jesús, de Eliezer, de Jorín, de Matat, de Leví, 30 de Simeón, de Judá, de José, de Jonán, de Eliacín, 31 de Meleá, de Mená, de Matatá, de Natán, de David, 32 de Jesé, de Jobed, de Booz, de Salá, de Naasón, 33 de Aminadab, de Admín, de Arní, de Esrón, de Fares, de Judá, 34 de Jacob, de Isaac, de Abrahán, de Tare, de Nacor, 35 de Seruc, de Ragáu, de Fálec, de Eber, de Salá, 36 de Cainán, de Arfaxad, de Sem, de Noé, de Lámec, 37 de Matusalén, de Henoc, de Járet, de Maleleel, de Cainán, de
Enós, de Set, de Adán, de Dios.
Tentaciones de Jesús
(Mc 1,12-13) (Mt 4,1-11) (Lc 4,1-13)
Mc.1-12 A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto.
13 Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por
Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.
Mt.4,1 Entonces Jesús fue llevado al desierto por
el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2 Y después de ayunar cuarenta días con sus
cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 El tentador se le acercó y le dijo: «Si
eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». 4 Pero él le
contestó: «Está escrito: "No solo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios"». 5 Entonces el diablo lo llevó a la ciudad
santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate
abajo, porque está escrito: "Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y
te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"».
7 Jesús le
dijo: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». 8 De nuevo
el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su
gloria, 9 y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 10 Entonces
le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: "Al Señor, tu Dios,
adorarás y a él solo darás culto"». 11 Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que
se acercaron los ángeles y lo servían.
Lc.4,1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán
y el Espíritu lo fue llevando 2
durante cuarenta días por el
desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin
comer y, al final, sintió hambre 3
Entonces el diablo le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». 4 Jesús le contestó: «Está escrito: "No solo de pan vive el
hombre"». 5 Después llevándole a lo alto,
el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo 6 y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a
mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. 7 Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». 8 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: "Al Señor, tu
Dios, adorarás y a él solo darás culto"». 9 Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y
le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10 porque está escrito: "Dará órdenes a sus ángeles acerca de
ti, para que te cuiden", 11
y también: "Te
sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna
piedra"». 12 Respondiendo Jesús, le dijo:
«Está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». 13 Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra
ocasión.
Vocación
de los primeros discípulos (Jn 1 35-51)
Jn.1,35 Al día siguiente, estaba Juan
con dos de sus discípulos y, 36 fijándose en Jesús que pasaba,
dice: «Este es el Cordero de Dios». 37 Los dos discípulos oyeron sus
palabras y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, al ver que
lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que
significa Maestro), ¿dónde vives?». 39 Él les dijo: «Venid y
veréis». Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día;
era como la hora décima.
40
Andrés, hermano de Simón
Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; 41
encuentra primero a su
hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». 42
Y lo llevó a Jesús. Jesús se
le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás
Cefas (que se traduce: Pedro)».
43
Al día siguiente, determinó
Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme». 44
Felipe era de Betsaida,
ciudad de Andrés y de Pedro.
45
Felipe encuentra a Natanael y
le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos
encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret».
46
Natanael le replicó: «¿De
Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás». 47
Vio Jesús que se acercaba
Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay
engaño». 48 Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». 49
Natanael respondió: «Rabí, tú
eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». 50
Jesús le contestó: «¿Por
haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
51 Y
le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los
ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Las
bodas de Caná (Jn 2, 1-12)
Jn.2,1 A los tres días, había una
boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2
Jesús y sus discípulos
estaban también invitados a la boda.
3
Faltó el vino, y la madre de
Jesús le dice: «No tienen vino». 4 Jesús le dice: «Mujer, ¿qué
tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». 5
Su madre dice a los
sirvientes: «Haced lo que él os diga». 6 Había allí colocadas seis
tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros
cada una. 7 Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron
hasta arriba.
8
Entonces les dice: «Sacad
ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. 9
El mayordomo probó el agua
convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues
habían sacado el agua), y entonces llama al esposo
10
y le dijo: «Todo el mundo
pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio,
has guardado el vino bueno hasta ahora».
11
Este fue el primero de los
signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus
discípulos creyeron en él. 12 Después bajó a Cafarnaún con
su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
Diálogo
con Nicodemo (Jn 3, 1-21)
Jn.3,1 Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. 2
Este fue a ver a Jesús de
noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro;
porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él». 3
Jesús le contestó: «En
verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de
Dios». 4 Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?
¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». 5
Jesús le contestó: «En
verdad, en verdad te digo: El que no nazca de agua y de Espíritu no puede
entrar en el reino de Dios. 6 Lo que nace de la carne es
carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7
No te extrañes de que te haya
dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; 8
el viento sopla donde quiere
y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que
ha nacido del Espíritu». 9 Nicodemo le preguntó: «¿Cómo
puede suceder eso?». 10 Le contestó Jesús: «¿Tú eres
maestro en Israel, y no lo entiendes? 11 En verdad, en verdad te digo:
Hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no
recibís nuestro testimonio. 12 Si os hablo de las cosas
terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales?
13
Nadie ha subido al cielo sino
el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14 Lo mismo que Moisés elevó la
serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15
para que todo el que cree en
él tenga vida eterna. 16 Porque tanto amó Dios al
mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca,
sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su
Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18
El que cree en él no será
juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del
Unigénito de Dios. 19 Este es el juicio: que la luz
vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras
eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal
detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. 21
En cambio, el que obra la
verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según
Dios».
Último
testimonio del Bautista (Jn 3, 22-36)
Jn.3,22 Después de esto, fue Jesús
con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. 23
También Juan estaba
bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente
acudía y se bautizaba. 24 A Juan todavía no le habían
metido en la cárcel. 25 Se originó entonces una
discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; 26
ellos fueron a Juan y le
dijeron: «Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú
has dado testimonio, ese está bautizando, y todo el mundo acude a él».
27
Contestó Juan: «Nadie puede
tomarse algo para sí si no se lo dan desde el cielo. 28
Vosotros mismos sois testigos
de que yo dije: "Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de
él". 29 El que tiene la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del
esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría
mía está colmada. 30 El tiene que crecer, y yo
tengo que menguar. 31 El que viene de lo alto está
por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la
tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. 32
De lo que ha visto y ha oído
da testimonio, y nadie acepta su testimonio. 33
El que acepta su testimonio
certifica que Dios es veraz. 34 El que Dios envió habla las
palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. 35
El Padre ama al Hijo y todo
lo ha puesto en su mano. 36 El que cree en el Hijo posee
la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios
pesa sobre él».
Jesús y
la samaritana (Jn 4, 1-45)
Jn.4,1 Cuando supo Jesús que habían
oído los fariseos que Jesús hacía más discípulos que Juan y que bautizaba 2
(aunque Jesús no bautizaba,
sino sus discípulos), 3 dejó Judea y partió de nuevo
para Galilea. 4 Era necesario que él pasara a
través de Samaría. 5 Llegó Jesús a una ciudad de
Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; 6
allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora
sexta. 7 Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame
de beber». 8 Sus discípulos se habían ido
al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: 9
«¿Cómo tú, siendo judío, me
pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con
los samaritanos). 10 Jesús le contestó: «Si
conocieras el don de Dios y quién es el que te dice "dame de beber",
le pedirías tú, y él te daría agua viva». 11 La mujer le dice: «Señor, si
no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; 12
¿eres tú más que nuestro
padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus
ganados?». 13 Jesús le contestó: «El que
bebe de esta agua vuelve a tener sed; 14 pero el que beba del agua que
yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de
él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». 15
La mujer le dice: «Señor, dame
esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». 16
Él le dice: «Anda, llama a tu
marido y vuelve». 17 La mujer le contesta: «No
tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: 18
has tenido ya cinco, y el de
ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». 19
La mujer le dice: «Señor, veo
que tú eres un profeta. 20 Nuestros padres dieron culto
en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en
Jerusalén». 21 Jesús le dice: «Créeme, mujer:
se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22
Vosotros adoráis a uno que no
conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de
los judíos. 23 Pero se acerca la hora, ya
está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y
verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. 24
Dios es espíritu, y los que
adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». 25 La mujer le dice: «Sé que va
a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». 26
Jesús le dice: «Soy yo, el
que habla contigo».
27
En esto llegaron sus
discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque
ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». 28
La mujer entonces dejó su
cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: 29
«Venid a ver un hombre que me
ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».
30
Salieron del pueblo y se
pusieron en camino adonde estaba él. 31 Mientras tanto sus discípulos
le insistían: «Maestro, come». 32 El les dijo: «Yo tengo un
alimento que vosotros no conocéis». 33 Los discípulos comentaban
entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?». 34
Jesús les dice: «Mi alimento
es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. 35
¿No decís vosotros que faltan
todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y
contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; 36
el segador ya está recibiendo
salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo
sembrador y segador. 37 Con todo, tiene razón el
proverbio: Uno siembra y otro siega. 38 Yo os envié a segar lo que no
habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus
trabajos».
39
En aquel pueblo muchos samaritanos
creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo
que he hecho». 40 Así, cuando llegaron a verlo
los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
41 Todavía
creyeron muchos más por su predicación, 42 y decían a la mujer: «Ya no
creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es
de verdad el Salvador del mundo». 43 Después de dos días, salió
Jesús de Samaría para Galilea. 44 Jesús mismo había
atestiguado: «Un profeta no es estimado en su propia patria». 45
Cuando llegó a Galilea, los
galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en
Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
Presentación en Nazaret
(Mt 13,54-58) (Mc 6,1-6) (Lc 4,14-30)
Mt.13,54 Fue a su
ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde
saca este esa sabiduría y esos milagros? 55 ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su
madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 56 ¿No viven
aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». 57 Y se
escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa
des precian a un profeta». 58 Y no hizo allí muchos milagros, por su
falta de fe.
Mc.6,1 Saliendo de allí se dirigió a su ciudad y lo seguían sus
discípulos. 2 Cuando llegó el sábado,
empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba
asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada?
¿Y esos milagros que realizan sus manos? 3¿No
es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y
Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a
cuenta de él. 4 Les decía: «No desprecian
a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». 5 No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos
imponiéndoles las manos. 6 Y se admiraba de su falta
de fe. Y recorría los pueblos de
alrededor enseñando.
Lc.4,14
Jesús volvió a Galilea con la
fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. 15 Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. 16 Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como
era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. 17 Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo,
encontró el pasaje donde estaba escrito: 18
«El Espíritu del Señor está
sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a
proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en
libertad a los oprimidos; 19 a proclamar el año de gracia
del Señor». 20 Y, enrollando el rollo y
devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos
clavados en él. 21 Y él comenzó a decirles: «Hoy
se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». 22 Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las
palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de
José?». 23 Pero Jesús les dijo: «Sin
duda me diréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo", haz también
aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». 24 Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en
su pueblo. 25 Puedo aseguraros que en
Israel había muchas viudas en los días de Elias, cuando estuvo cerrado el cielo
tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; 26 sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elias sino a una
viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo,
sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». 28 Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos 29 y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta
un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención
de despeñarlo. 30 Pero Jesús se abrió paso
entre ellos y seguía su camino.
Vuelta a Galilea
(Mt 4,12-17) (Mc 1,14-15)
Mt.4,12 Al enterarse Jesús de que habían arrestado
a Juan se retiró a Galilea.
13 Dejando Nazaret
se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y
Neftalí, 14 para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
15 «Tierra de
Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea
de los gentiles. 16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una
luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les
brilló».
17 Desde
entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el
reino de los cielos».
Mc.1, 14 Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a
proclamar el Evangelio de Dios; 15 decía: «Se ha cumplido el
tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Curación
del hijo de un oficial real (Jn 4, 46-54)
Jn.4,46 Fue Jesús otra vez a Caná de
Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que
tenía un hijo enfermo en Cafarnaún.
47
Oyendo que Jesús había
llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo
que estaba muriéndose. 48 Jesús le dijo: «Si no veis
signos y prodigios, no creéis». 49 El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño». 50
Jesús le contesta: «Anda, tu
hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. 51
Iba ya bajando, cuando sus
criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. 52
El les preguntó a qué hora
había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la
fiebre». 53 El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús
le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. 54
Este segundo signo lo hizo
Jesús al llegar de Judea a Galilea.
Jesús, en la sinagoga de Cafarnaún
(Mc 1,21-28) (Lc 4,31-37)
Mc.1, 21Y entran en Cafarnaún y, al sábado siguiente, entra en la
sinagoga a enseñar;
22 estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con
autoridad y no como los escribas. 23 Había precisamente en su
sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: 24 «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has
venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». 25 Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él». 26 El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito
muy fuerte, salió de él. 27 Todos se preguntaron
estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad.
Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen». 28 Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la
comarca entera de Galilea.
Lc4.31
Y bajó a Cafarnaún, ciudad de
Galilea, y los sábados les enseñaba. 32
Se quedaban asombrados de su
enseñanza, porque su palabra estaba llena de autoridad. 33 Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu de
demonio inmundo y se puso a gritar con fuerte voz: 34 «¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno?
¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». 35 Pero Jesús le increpó, diciendo: «¡Cállate y sal de él!».
Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió
sin hacerle daño. 36 Quedaron todos asombrados y
comentaban entre sí: «¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con
autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen». 37 Y su fama se difundía por todos los lugares de la comarca.
La suegra de Simón y otras curaciones
(Mt 8,14-17) (Mc 1,29-39) (Lc 4,38-43)
Mt.8,14 Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a
su suegra en cama con fiebre; 15 le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se
levantó y se puso a servirle. 16 Al anochecer, le llevaron muchos
endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los
enfermos 17 para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «El tomó
nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».
Mc.1,29 Y enseguida, al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y
Juan a la casa de Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba
en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. 31 El se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la
fiebre y se puso a servirles. 32 Al anochecer, cuando se
puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. 33 La población entera se agolpaba a la puerta. 34 Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos
demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
35 Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se
marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar.
36 Simón y sus compañeros fueron en su busca y, 37 al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». 38 Él les responde: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas,
para predicar también allí; que para eso he salido». 39 Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y
expulsando los demonios.
Lc.4,38Al salir Jesús de la
sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy
alta y le rogaron por ella. 39
El, inclinándose sobre ella,
increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a
servirles.
40 Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias
se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando. 41 De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y
decían: «Tú eres el Hijo de Dios». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque
sabían que él era el Mesías.
42 Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente
lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no
se separara de ellos. 43 Pero él les dijo: «Es
necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para
esto he sido enviado».
44
Y predicaba en las sinagogas
de Judea.
Por Galilea
Llamamiento de los primeros discípulos
(Mt 4,18-22) (Mc 1,16-20) (Lc 5,1-11)
Mt.4,18 Paseando junto al mar de Galilea vio a dos
hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el
mar, pues eran pescadores. 19 Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré
pescadores de hombres». 20 Inmediatamente dejaron las redes y lo
siguieron.21 Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de
Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con
Zebedeo, su padre, y los llamó.22 Inmediatamente dejaron la barca y a su
padre y lo siguieron.
Mc.1, 16 Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano
de Simón, echando las redes en el mar. pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de
hombres». 18 Inmediatamente dejaron
las redes y lo siguieron. 19 Un poco más adelante vio
a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca
repasando las redes. 20 A continuación los llamó,
dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos
de él.
Lc.5,1
Una vez que la gente se
agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al
lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en
la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que
la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad
vuestras redes para la pesca». 5
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero,
por tu palabra, echaré las redes». 6
Y, puestos a la obra,
hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra
barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos
barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que
estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que
eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás
pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a
tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Curación de un leproso
(Mt 8,1-4) (Mc 1,40-45) (Lc 5,12-16)
Mt.8,1 Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha
gente.2 En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si
quieres, puedes limpiarme».3 Extendió la mano y lo tocó diciendo:
«¡Quiero, queda limpio!». Y enseguida quedó limpio de la lepra.
4 Jesús le
dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la
ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Mc.1,40Se le acerca un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres,
puedes impiarme». 41Compadecido, extendió la
mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». 42 La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. 43 El lo despidió, encargándole severamente: 44 «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte
al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». 45 Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el
hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se
quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
Lc.5,12
Sucedió que, estando él en
una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús,
cayendo sobre su rostro, le suplicó, diciendo: «Señor, si quieres, puedes
limpiarme». 13 Y extendiendo la mano, lo
tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». Y enseguida la lepra se le quitó 14 Y él le ordenó no comunicarlo a nadie; y le dijo: «Ve,
preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu limpieza, según mandó Moisés,
para testimonio ante ellos». 15
Se hablaba de él cada vez
más, y acudía mucha gente a oírlo y a que los curara de sus enfermedades. 16 El, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a
la oración.
Reacciones negativas
ante Jesús
Curación de un paralítico
(Mt 9,1-8) (Mc 2,1-12) (Lc 5,17-26)
Mt.9,1 Subió Jesús a una barca, cruzó a la otra
orilla y fue a su ciudad. 2 En esto le presentaron un paralítico,
acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Animo,
hijo!, tus pecados te son perdonados». 3 Algunos de los escribas se dijeron: «Este
blasfema». 4 Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
«¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5 ¿Qué es
más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados" o decir:
"Levántate y echa a andar"? 6 Pues, para que
veáis que el Hijo del hombre tiene potestad
en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: "Ponte
en pie, coge tu camilla y vete a tu casa"». 7 Se puso en
pie. y se fue a su casa. 8 Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y
alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Mc.2,1 Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que
estaba en casa. 2 Acudieron tantos que no
quedaba sitio ni a la puerta. Y les proponía la palabra. 3 Y vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro 4 y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la
techumbre encima de donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la
camilla donde yacía el paralítico. 5 Viendo Jesús la fe que tenían,
le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». 6 Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus
adentros: 7 «¿Por qué habla este así?
Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?». 8 Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:
«¿Por qué pensáis eso? 9 ¿Qué es más fácil: decir
al paralítico "tus pecados te son perdonados", o decir
"levántate, coge la camilla y echa a andar"? 10 Pues, para que comprendáis que el Hijo del hombre tiene autoridad
en la tierra para perdonar pecados —dice al paralítico—: 11 "Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu
casa"». 12 Se levantó, cogió
inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y
daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual».
Lc.5,17
Un día estaba él enseñando, y
estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las
aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para
realizar curaciones. 18 En esto, llegaron unos
hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de
introducirlo y colocarlo delante de él. 19
No encontrando por donde
introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la
camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. 20 Él, viendo la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados están
perdonados». 21 Entonces se pusieron a pensar
los escribas y los fariseos: «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede
perdonar pecados sino solo Dios?». 22
Pero Jesús, conociendo sus
pensamientos, respondió y les dijo: 23
«¿Qué estáis pensando en
vuestros corazones? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados están
perdonados", o decir "levántate y anda"? 24 Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la
tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: "A ti te lo digo, ponte
en pie, toma tu camilla, vete a tu casa"». 25 Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla
donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. 26 El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos
de temor, decían: «Hoy hemos visto maravillas».
Vocación de Leví y comida en su casa.
Discusión sobre el ayuno
(Mt 9,9-14) (Mc 2,13-22) (Lc 5,27-39)
Mt.9,9 Al pasar vio Jesús a un hombre llamado
Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se
levantó y lo siguió. 10 Y estando en la casa, sentado a la mesa,
muchos publicanos y pecadores, que
habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. 11 Los
fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro
come con publicanos y pecadores?». 12 Jesús lo
oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. 13 Andad,
aprended lo que significa "Misericordia quiero y no sacrificios": que
no he venido a llamar a justos sino a pecadores».
14 Los
discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y
los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». 15 Jesús les
dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo
está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo y entonces
ayunarán. 16 Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la
pieza tira del manto y deja un roto peor. 17 Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos;
porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el
vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
Mc.2,13 Salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y
les enseñaba. 14 Al pasar vio a Leví, el
de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se
levantó y lo siguió. 15 Sucedió que, mientras
estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se
sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían. 16 Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y
publicanos, decían a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y
pecadores?». 17 Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a
justos, sino a pecadores».
18 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando,
vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos
de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?». 19 Jesús les contesta: «¿Es que pueden ayunar los amigos del
esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos,
no pueden ayunar. 20 Llegarán días en que les
será arrebatado el esposo; aquel día sí que ayunarán. 21 Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado;
porque la pieza tira del manto —lo nuevo de lo viejo— y deja un roto peor. 22 Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino
revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres
nuevos».
Lc.5,27
Después de esto, salió y vio
a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme». 28 Él, dejándolo todo, se
levantó y lo siguió. 29 Leví ofreció en su honor un
gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos
y otros. 30 Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los
discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y
pecadores?». 31 Jesús les respondió: «No
necesitan médico los sanos, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que
se conviertan». 33 Pero ellos le dijeron: «Los
discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en
cambio, los tuyos, a comer y a beber». 34
Jesús les dijo: «¿Acaso
podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con
ellos? 35 Pero llegarán días en que se
lleven al esposo; entonces, en aquellos días, ayunarán».
36 Les dijo también una parábola: «Nadie recorta una pieza de un
manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se
rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo. 37 Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el
vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán. 38 A vino nuevo, odres nuevos. 39
Nadie que cate vino añejo
quiere del nuevo, pues dirá: "El añejo es mejor"».
Espigas arrancadas en sábado
(Mt 12,1-8) (Mc 2,23-28) (Lc 6,1-5)
M7.12,1 En aquel tiempo atravesó Jesús en sábado un
sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a
comérselas. 2 Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira,
tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado». 3 Les replicó:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? 4 Entró en
la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les
estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes. 5 ¿Y no
habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo
sin incurrir en culpa? 6 Pues os digo que aquí hay uno que es más
que el templo. 7 Si comprendierais lo que significa
"quiero misericordia y no sacrificio", no condenaríais a los inocentes».
8 Porque el
Hijo del hombre es señor del sábado.
Mc.2,23 Sucedió que un sábado, atravesaba él un sembrado, y sus
discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas. 24 Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo
que no está permitido?». 25 El les responde: «¿No
habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos
y con hambre,
26 cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote
Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a
los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él? 27 Y les decía: "El sábado se hizo para el hombre y no el
hombre para el sábado; 28así que el Hijo del
hombre es señor también del sábado"».
Lc.6,1
Un sábado, iba él caminando
por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas,
frotándolas con las manos. 2 Unos fariseos dijeron: «¿Por
qué hacéis en sábado lo que no está permitido?». 3 Respondiendo Jesús, les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo
David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre? 4 Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición,
que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que
estaban con él». 5 Y les decía: «El Hijo del
hombre es señor del sábado».
Curación en sábado
(Mt 12,9-21) (Mc 3,1-6) (Lc 6,6-11)
Mt.12,9 Se dirigió
a otro lugar y entró en su sinagoga. 10 Había allí un hombre que tenía una mano
paralizada. Entonces preguntaron a Jesús para poder acusarlo: «¿Está permitido
curar en sábado?». 11 Él les respondió: «Supongamos que uno de
vosotros tiene una oveja y que un sábado se le cae en una zanja, ¿no la agarra
y la saca? 12 Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una
oveja! Por lo tanto, está permitido hacer bien en sábado». 13 Entonces
le dijo al hombre: «Extiende tu mano». La extendió y quedó restablecida, sana
como la otra. 14 Al salir de la sinagoga, los fariseos
planearon el modo de acabar con Jesús. 15 Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y
muchos lo siguieron. Él los curó a todos, 16 mandándoles que no lo descubrieran. 17 Así se
cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías:
18 «Mirad a
mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él he puesto mi
espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. 19 No
porfiará, no gritará, no voceará por las calles. 20 La caña
cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el
derecho a la victoria; 21 en su nombre esperarán las naciones».
Mc.3,1 Entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía
una mano paralizada. 2 Lo estaban observando,
para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
3 Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio». 4 Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida
a un hombre o dejarlo morir?». Ellos callaban.
5 Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su
corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó
restablecida. 6 En cuanto salieron, los fariseos
se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Lc.6,6
Otro sábado, entró él en la
sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha
paralizada. 7 Los escribas y los fariseos
estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. 8 Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano
atrofiada: «Levántate y ponte en medio». Y, levantándose, se quedó en pie.
9 Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está
permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?». 10 Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo: «Extiende tu
mano». Él lo hizo y su mano quedó restablecida. 11 Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer
con Jesús.
La muchedumbre
sigue a Jesús (Mc 3, 7-12)
Mc.3,7 Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo
siguió una gran muchedumbre de Galilea. 8 Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de
Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón. 9 Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no
lo fuera a estrujar el gentío. 10 Como había curado a
muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. 11 Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y
gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». 12 Pero él les prohibía
severamente que lo diesen a conocer.
Sermón de la llanura
Elección de los doce apóstoles
(Mt 10,1-4) (Mc 3,13-19) (Lc 6,12-16)
Mt.10,1 Llamó a
sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y
curar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Estos son los nombres de los doce
apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el
de Zebedeo, y Juan, su hermano; 3 Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el
publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; 4 Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que
lo entregó.
Mc.3,13 Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. 14 E instituyó doce para que estuvieran con él 15 y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para
expulsar a los demonios: 16 Simón, a quien puso el
nombre de Pedro, 17 Santiago el de Zebedeo, y
Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir,
los hijos del trueno, 18 Andrés, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná 19 y Judas Iscariote, el que lo entregó.
Lc.6,12
En aquellos días, Jesús salió
al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
13 Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre
ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: 14 Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano;
Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, 15
Mateo, Tomás, Santiago el de
Alfeo, Simón, llamado el Zelote; 16
Judas el de Santiago y Judas
Iscariote, que fue el traidor.
Jesús, Mesías
poderoso en palabras y en obras. Oyentes
(Mt 4,23-25) (Lc 6,17-19)
Mt.4,23 Jesús
recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del
reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.24 Su fama se
extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase
de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los
curó.25 Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea
y Transjordania.
Lc.6,17
Después de bajar con ellos,
se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre
del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de
Sidón. 18 Venían a oírlo y a que los
curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban
curados, 19 y toda la gente trataba de
tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.
Sermón de la montaña. Bienaventuranzas y
advertencias
(Mt 5,1-12) (Lc 6,20-26)
Mt.5,1 Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se
sentó y se acercaron sus discípulos;
2 y,
abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
3 «Bienaventurados
los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.4 Bienaventurados
los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
5 Bienaventurados
los que lloran, porque ellos serán consolados. 6 Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Bienaventurados
los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Bienaventurados
los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados
los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos. 11 Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien
de cualquier modo por mi causa. 12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra
recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los
profetas anteriores a vosotros.
Lc6,20
Él, levantando los ojos hacia
sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el
reino de Dios.
21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis
saciados.
Bienaventurados los que ahora
lloráis, porque reiréis. 22 Bienaventurados vosotros
cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro
nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. 23 Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa
será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
24 Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido
vuestro consuelo!
25 ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis
hambre!
¡Ay de los que ahora reís,
porque haréis duelo y lloraréis!
26 ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que
vuestros padres hacían con los falsos profetas.
Amor a los enemigos
(Mt 5,38-48) (Lc 6,27-38)
Mt.5, 38 Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo,
diente por diente". 39 Pero yo os digo: no hagáis frente al que os
agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la
otra; 40 al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la
capa; 41 a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; 42 a quien te
pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
43 Habéis
oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo.
44 Pero yo os
digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen,
45 para que
seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y
buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. 46 Porque, si
amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos
? 47 Y, si
saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo
mismo también los gentiles? 48 Por tanto, sed perfectos, como vuestro
Padre celestial es perfecto.
Lc.6,27 En cambio, a vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros
enemigos, haced el bien a los que os odian, 28
bendecid a los que os
maldicen, orad por los que os calumnian. 29
Al que te pegue en una
mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome
también la túnica. 30 A quien te pide, dale; al que
se lleve lo tuyo, no se lo reclames. 31
Y como queráis que la gente
se porte con vosotros, de igual manera portaos con ella. 32 Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También
los pecadores aman a los que los aman. 33
Y si hacéis bien solo a los
que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito
tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de
cobrárselo. 35 Por el contrario, amad a
vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande
vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los
malvados y desagradecidos. 36 Sed misericordiosos como
vuestro Padre es misericordioso;
37 no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis
condenados; perdonad, y seréis perdonados; 38
dad, y se os dará: os
verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida
con que midiereis se os medirá a vosotros».
Advertencias. La
recta conducta. Parábolas
(Mt 7,1-6) (Mt 7,15-20) (Mc 4,24-25) (Lc 6,39-46)
Mt.7,1 No
juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque seréis juzgados como juzguéis
vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. 3 ¿Por qué
te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que
llevas en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano:
"Déjame que te saque la mota del ojo", teniendo una viga en el tuyo? 5 Hipócrita:
sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del
ojo de tu hermano. 6 No deis lo santo a los perros, ni les
echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y
después se revuelvan para destrozaros.
La recta conducta
15 Cuidado
con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son
lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se
cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? 17 Así, todo
árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. 18 Un árbol
sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. 19 El árbol
que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. 20 Es decir,
que por sus frutos los conoceréis.
Mc.4,24 Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida
que uséis la usarán con vosotros, y con creces. 25 Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará
hasta lo que tiene».
Lc.6,39
Les dijo también una
parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el
hoyo? 40 No está el discípulo sobre su
maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. 41 ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no
reparas en la viga que llevas en el tuyo? 42
¿Cómo puedes decirle a tu
hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte
en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo,
y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. 43 Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé
fruto bueno; 44 por ello, cada árbol se
conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian
racimos de los espinos. 45 El hombre bueno, de la bondad
que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el
mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. 46 ¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que
digo?
Conclusión
(Mt 7,24-29) (Lc 6,47 -49)
Mt.7,24 El que escucha estas palabras mías y las
pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre
roca. 25 Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y
descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre
roca.
26 El que
escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre
necio que edificó su casa sobre arena.27 Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos,
soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue
grande».
28 Al terminar Jesús este discurso, la gente
estaba admirada de su enseñanza,
29 porque les enseñaba con autoridad y no como
sus escribas.
Lc.6,47
Todo el que viene a mí,
escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: 48 se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los
cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y
no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida. 49 El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó
una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida
se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».
Las obras de Jesús
salvador
Curación del criado del centurión
(Mt 8,5-13) (Lc 7,1-10)
5 Al entrar
Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: 6 «Señor,
tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». 7 Le
contestó: «Voy yo a curarlo». 8 Pero el centurión le replicó: «Señor, no
soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi
criado quedará sano.
9 Porque yo
también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno:
"Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz
esto", y lo hace». 10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los
que lo seguían: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie
tanta fe. 11 Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con
Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 12 en cambio,
a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y
el rechinar de dientes». 13 Y dijo Jesús al centurión: «Vete; que te
suceda según has creído». Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Lc.7,1
Cuando terminó de exponer
todas sus enseñanzas al pueblo, entró en Cafarnaún. 2 Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a
quien estimaba mucho. 3 Al oír hablar de Jesús, el
centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese a curar a
su criado. 4 Ellos, presentándose a Jesús,
le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, 5 porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la
sinagoga». 6 Jesús se puso en camino con
ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a
decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi
techo; 7 por eso tampoco me creí digno
de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano. 8 Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con
soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro:
"Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace». 9 Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que
lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe». 10 Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.
Resurrección
del hijo de la viuda de Naín (Lc 7,11-17)
Lc.7,11
Poco tiempo después iba
camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho
gentío. 12 Cuando se acercaba a la
puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de
su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. 13 Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores».
14 Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon)
y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». 15 El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su
madre. 16 Todos, sobrecogidos de temor,
daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y
«Dios ha visitado a su pueblo». 17
Este hecho se divulgó por
toda Judea y por toda la comarca circundante.

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